Las indómitas de Elena Poniatowska.

GUADALAJARA, JALISCO. 30NOVIEMBRE2016.- La escritora mexicana Elena Poniatowska, durante la presentación de su libro “Las Indómitas” esto en el marco de la edición 30 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara FIL, que se lleva a cabo en la Expo del 26 de noviembre al 04 de diciembre.FOTO : FERNANDO CARRANZA GARCIA / CUARTOSCURO.COM

La música verbal que recrea en estas mujeres Poniatowska representa al México de todos los tiempos, el de la insurrección juvenil del 68, vista desde la otra lucha, la de las madres como Rosario Ibarra de Piedra que durante más de 40 años buscó a su hijo desparecido, el culpable…


Stephany Caso Alfaro | Cultural Vox


Hablar de mujeres es remitirse a la fecundidad de la vida, a la fuente de inagotable amor, a la entereza que habita en casa con dulzura y sin desasosiego, con pasividad y cordura, sin hostilidad y con compasión.

Hablar de mujeres es indudablemente difícil para el género masculino -por lo complicado de su esencia- pero hablar de mujeres entre mujeres es empoderar al género femenino y enaltecer su inigualable presencia.

La mujer pasiva, estereotipo mexicano, mujer que anida al deber, pero impensable que habité al ser; cuando ésta lo hace se vuelca indomable, sí, indomable que en términos feministas se traduciría en resistencia, mujeres indómitas impulsadas por el compromiso con el pueblo, con su gente, con ellas mismas.

Elena Poniatowska retrata fielmente a nueve turbulentas mujeres detrás de un escritorio o al frente de la batalla en esta compilación de ensayos, sus voces, su incansable lucha como escritoras, trabajadoras domésticas, soldaderas, madres, pero sobre todo revolucionarias.

Jesusa Palancares o Josefina Bórquez –Quien relatara Poniatowska en Hasta no verte jesús mío– vivió de cara a la pobreza, sin aliciente, sin el amor de una familia, cuya única escucha a su rebeldía fue Elena durante los meses que compartió su historia en el cuartito de vecindad, así descrita por Elena “Los ojos de Jesusa en los que se distinguen las venitas rojas, están cansados; alrededor de la niña, la pupila se ha hecho terrosa, gris y el color café muere poco a poco. El agua ya no le sube a los ojos y el lagrimal es el punto más álgido de su rostro”, en definitiva una anciana llena de vida, de recuerdos y de valentía, una soldadera, heroína nacional, rebelde, agresiva, soñadora y sola, pero no vacía, llena de inconformidad, brava, rejega, entrona, diluida en la dignidad de los miles de mexicanos que como ella quieren ser libres sin vacilación, libres de pensamiento.

Pero el combate no sólo indulta a la lucha desde la trinchera, desde el escritorio se precisa otra lucha, la de la palabra, la del oficio de escribir como la de Rosario Castellanos, mujer frágil en su vida personal pero imponente en el compromiso literario; Nellie Campobello, conocida por la danza y muy poco por la narrativa revolucionaria, pues no figura entre Rafael F. Muñoz o Mariano Azuela, apasionada de las letras y comprometida con el idilio revolucionario evidente en su libro “El libro vacío” además de Josefina Vincens poeta y Alaíde Foppa crítica de arte y poeta, nada sería de la literatura sin Poesía no eres tú o Balún Canán, indómitas de la palabra.

Indomables, rebeldes en el campo de batalla con fusil en mano ambas armas la pluma y el revólver, como arma es la humildad provinciana, jóvenes que llegan a ser explotadas en casa de “La patrona” para tener una vida mejor, fuera del campo y sus raíces, aquellas que matizan su color y su lengua con el uniforme de gala y de diario, rebautizadas por la señora de la casa, al servicio de todo, menos de sí mismas.

La música verbal que recrea en estas mujeres Poniatowska representa al México de todos los tiempos, el de la insurrección juvenil del 68, vista desde la otra lucha, la de las madres como Rosario Ibarra de Piedra que durante más de 40 años buscó a su hijo desparecido, el culpable: el gobierno.

Una búsqueda acérrima que es posible gracias al amor de madre, que entre cuerpos mutilados, trincheras y las miles de pesquisas y súplicas a Luis Echeverría con febril diplomacia y que obtuvo sin respuesta a su tenaz demanda -¿Dónde está mi hijo? ¡Sólo díganme cómo está!- entre la sospecha de un paradero en el campo Marte número uno y las voces de quienes murmuraron haberlo visto, se halla una justicia, que jamás llegó.

Para devastarnos con su musicalidad, Poniatowska cierra estas historias con la activista y académica Martha Lamas, feminista de renombre, amiga del escritor Carlos Monsivais con quien también compartía además de la lucha femenina, el amor por los gatos.

Mujer de pasos suaves pero firmes, de fe inextinguible, antropóloga, madre, artista que va de la mano con su voz y su guitarra, descrita por José Woldenberg “Mujer con carácter, formación e inteligencia” aunque también es una madre admirada, de enorme cariño y encanto. Preocupada por las causas sociales, dice Ángeles Mastretta “Martha Lamas es un cometa. Por más que su andar apacible y su voz suave disimulen el viento que la arrastra, lo cierto es que tiene un torbellino dentro del alma que se esconde en un cuerpo de apariencia frágil y voluntad sin sombra”.

Dando pausa, porque no fin a estos relatos, afirmamos que como éstas mujeres, algún día el México de corrupción que nos ha tocado vivir, se plagará de indómitas que defiendan con valentía lo que por derecho propio nos corresponde: la libertad.

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Imágen extraída de http://www.razon.com.mx/IMG/jpg/Elena_Poniatowska_1.jpg

Palabra de cronopio

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